miércoles, 4 de marzo de 2015

Leer y tirar

Soy un tipo bastante crédulo. Así que cuando veía en las películas de espías los mensajes que se auto destruían después de leerse, me lo creía. Suponía que era verdad, que los espías utilizaban métodos para que los mensajes entraran en combustión espontánea después de haberlo leído. Y siempre me preocupaba por los pobres espías que leyeran más despacio... Lo que nunca me habría imaginado es que también utilizaran un sistema parecido los poetas.

Agrippa es un poema de William Gibson, por lo general, novelista de ciencia ficción. Claro, que también es mucho más. Es también un trabajo artístico de Dennis Ashbaugh y una apuesta valiente del editor Kevin Begos Jr. Es, sobre todo, una idea original. Es un poema que sólo puedes leer una vez, lo cual, si bien no facilita mucho el análisis métrico, es desde luego llamativo. 

El proyecto (me parece justo llamarle algo más que "poema") vio la luz en 1992. Se publicó en dos formatos. Por un lado, en un disquete que iba descubriendo poco a poco los versos, al mismo tiempo que los encriptaba para impedir una segunda lectura. Por otro lado, en papel, utilizando unos reactivos fotosensibles que hacían que las palabras fueran desapareciendo progresivamente al exponerse a la luz. Aquí podéis ver una simulación de lo que fue verlo en disquete, que utilizaba un código que durante muchos años ha sido objetivo de un concurso entre hackers.
 


Pero, más allá de la innovación tecnológica que suponga o de la originalidad creativa, la idea me parece un acierto como instrumento comunicativo. El poema de Gibson trata básicamente de la nostalgia y de cómo el paso del tiempo nos deja sólo con recuerdos. Igual que estas letras al desaparecer nos dejan sólo el sabor de boca que nos hayan provocado sus versos. Así, las palabras y el formato hablan de lo mismo: lo que queda en la memoria cuando desaparece un objeto, un momento. Sin oportunidad de volver atrás. Sin poder volver a leerlo. Sólo el recuerdo.

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