En mi barrio un día me encontré una pintada que decía "Que consuman los que suman". Estaba firmada por una tal Neorrabioso. Poco después, vi otra pintada del mismo autor: "La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa". Eran pintadas bastante feas. Una letra simple, en negro, ningún dibujo. Pero el mensaje era corto, directo. Te impactaba. Llegó un momento en que cada vez que paseaba por el barrio iba buscando pintadas de Neorrabioso. Salía a leer. Era como ir a una extraña biblioteca callejera.
Por eso, cuando hace unos meses me encontré en el Facebook de varios amigos pintadas en los pasos de cebra que decían cosas como "Duerme menos y sueña más", o "Que la línea que más cuides sea la de tu sonrisa", lo primero que pensé fue "Mira, más graffiteros de la escuela de Neorrabioso". Hace poco descubrí que estos graffiteros en concreto se llaman Boamistura y el proyecto que estaba inundando los muros de mis amigos, Madrid, te comería a versos.
¿Qué hacen unos graffitis en el blog de una biblioteca? Me parece obvio: son píldoras literarias con estrategia guerrillera, esperando a que te descuides para asaltarte. Vale, quizá el formato nos pilla a contrapié: hay muros y calzadas donde esperaríamos ver papel. Pero no me cabe duda de que estas pintadas son literatura, porque tienen la misma finalidad que los mejores libros: comunicar, abrir la mente, sorprender, obligar a la reflexión.
Y sí, puede que el título de este post sea engañoso: sé que ninguno de estos graffitis es en verso. Pero está claro que son poesía.
PD: Para los que queráis salir a la búsqueda de Neorrabioso, tened en cuenta que tiene otro álter ego a nombre de Batania.
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