El pobre Diógenes cayó en desgracia. Siempre me ha parecido que la historia de la medicina y la psicología ha sido sumamente injusta con este filósofo. Por un lado, porque él se desprendió de todas sus pertenencias, lo cual no tiene nada que ver con la acumulación de cosas que hoy asociamos como síntoma más frecuente del síndrome que lleva su nombre. Por otro lado, porque no veo nada malo de la acumulación de cosas. El que guarda, halla. Y yo soy de los que guarda. Bueno, mi madre más bien diría que soy de los que acumula mierda. Pero, en cualquier caso, el asunto es que voy guardando cosas con la idea de que en algún momento serán útiles. Y así es como ahora tenemos un nuevo tablón en la biblioteca.
Y un tablón, obviamente, no se puede dejar vacío. El corcho a palo seco resulta desolador. Y he optado por la opción más flexible posible: un tablón multiusos. Así tendremos también un rincón donde poder contar, mostar, exponer, esos temas que son interesantes, pero a los que no les puedo dedicar tanta atención como para darles un espacio monográfico. Un tablón que tenga cabida para todo. Un cajón de sastre. Mejor: un tablón de sastre.
Por ahora lo hemos estrenado dándole un espacio a la geografía. Por un lado, porque me encantan los mapas. Por otro, porque quizá sirva para que los niños, de forma un poco imperceptible, se vayan empapando de las distintas regiones que hay en el mundo, de lo grande y variado que es nuestro planeta y, con un poco de suerte, les entre el gusanillo por descubrir un poco más sobre todos esos rincones. En un primer paso, a través de los libros; en un segundo paso, a través de aviones, autobuses, trenes, fronteras... Al fin y al cabo, libros y transportes son sólo distintas formas de viajar.
Pd: ¡Nos falta una región en nuestro tablón! Pasaos por la biblioteca y dejadnos aquí un comentario diciéndonos qué zona del mundo nuestra reflejada en nuestro Tablón de Sastre. ¡A ver quién lo averigua el primero!
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