La parte que más me gusta de la Historia es la falsa. Quiero decir que, sí, me gusta la Historia como disciplina, la documentada, la que nos cuenta cómo ocurrieron las cosas y nos permite comprender mejor cómo hemos llegado a donde estamos. Pero, siendo sincero, me gusta aun más la Historia que sólo sirve como marco, como contexto en el que ambientar una narración que sea incluso más emocionante que los hechos auténticos. Vaya, que me gusta la ficción histórica. Y dentro de este género se enmarca el nuevo cómic que estamos compartiendo en la biblioteca.
Neandertal es una obra en tres tomos de Emmanuel Roudier, famoso dibujante de cómics francés que ya había ambientado otras de sus historias en la prehistoria paleolítica y que incluso creó un juego de mesa que se desarrolla en esta época (Würm). Hablamos, pues, de un hombre muy especializado ya en este entorno que trata los datos históricos con considerable rigor y que da claras muestras de una fuerte documentación en su trabajo, a través de detalles en las viñetas en las que es fácil reconocer muchos de los datos que nos contaron en el colegio. Es cierto que probablemente no sea yo la persona más adecuada para juzgar su rigor histórico, pero lo avalan tanto Agustín, el profesor de Historia (de aquí, del Zola) que me lo recomendó, como Millán Mozota, arqueólogo que nos ha dejado una detallada reseña de este cómic.
Pero insisto en que la rigurosidad de Neandertal es lo que menos me importa. Personalmente, lo que más me gusta son las maravillosas escenas panorámicas, esos vistazos sobre la pradera que nos trasladan sin dificultad a enormes pastos entre animales mastodónticos. Paisajes más dignos de lienzo que de papel, más de cuadro que de cómic.
Y, si lo pienso un poco más, creo que incluso más que el detalle o la vivacidad de los paisajes, lo que más me gusta de ellos es ver cómo los chavales se sumergen en esas mismas praderas. Porque ahí, entre los hierbas, sé que no tardarán en dejar atrás a Laghu, el protagonista cojo de esta historia. Porque ahí, entre las hierbas, hay mucho pasto para alimentar la fantasía.
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