Lo dije ya hace unas semanas: soy un gran defensor del libro y la lectura digital. Quizá sea porque a mí lo que me gusta es leer, me da igual en qué formato. Quizá sea porque mi casa es pequeña y ya no me caben más libros de papel. O porque estoy cansado de que me pese la mochila. O porque me cuesta ajustarme a los horarios de las librerías para poder acercarme a por libros. Quién sabe. El caso es que, como buen defensor de la lectura digital, estoy de enhorabuena: las bibliotecas públicas de la Comunidad de Madrid se abren, por fin, al préstamo de libros digitales.
Es verdad que, siendo estrictos, hace ya años que en España se pueden coger prestados libros digitales de bibliotecas públicas, pero eran tan sólo unas pocas y tenías que coger prestado también el lector digital, lo cual encarecía tanto este servicio de préstamo que era difícil que llegara a hacerse masivo. Y, además, el catálogo incluía prácticamente sólo clásicos (sin desmerecerlos, por supuesto, pero es que hay muchos libros nuevos publicándose cada día como para ceñirse exclusivamente a los clásicos). La nueva iniciativa permitirá que te descargues el libro prestado directamente en tu propio dispositivo, desde cualquier ordenador, sin necesidad de ir a la biblioteca y en esta ocasión el catálogo es básicamente de novedades editoriales (ahora parece que se han pasado por el otro lado...).
El proyecto, llamado eBiblio, tiene aún mucho por pulir. De acuerdo, pero supone un avance que merece la pena celebrar, máxime teniendo en cuenta las cifras que ya hacía dos años se manejaban en Estados Unidos sobre cómo los ebooks animan a la gente a leer más: los lectores de ebooks tienden a leer un 30% más libros al año que quienes sólo leen en papel (en parte, opino yo, por una doble facilidad de acceso a los libros: por un lado, facilidad en el sentido de acceder a su compra, libre de horarios y de desplazamientos; y, por otro lado, facilidad en el sentido de acceder a los libros una vez que ya los has comprado, pues resulta más sencillo llevar siempre el libro encima).
Quienes queráis empezar a utilizar este servicio sólo tenéis que acercaros a vuestra biblioteca pública más cercana y pedir que os den de alta (tenéis que ser ya usuarios de la biblioteca y llevar con vosotros vuestro carné; si no lo sois, podéis solicitar que os hagan socios de la biblioteca en el mismo momento). Os pedirán una dirección de correo electrónico y os facilitarán vuestro usuario (vuestro número de DNI tal y como figura en el carné de la biblioteca) y vuestra clave (la fecha de expedición de vuestro carné de la biblioteca). Y a partir de ahí la posibilidad de acceso es inmediata.
El repertorio de libros es todavía escaso, y, por dar un ejemplo extremo, dentro de la sección de Educación sólo podréis encontrar dos libros. Ni siquiera en Fantasía llegan a la decena. Pero esperemos que esto se solucione pronto y, a medida que perciban una mayor demanda, se multiplique la oferta. Porque éste es el camino a seguir. Sin duda. Las ventajas son muchas.
Por un lado, el préstamo digital podría llegar a acabar con las esperas a que el libro que buscas esté disponible (todavía no es el caso: hay una lista de espera para reservar libros que estén prestados, aunque estemos hablando de un formato digital). Por otro lado, el préstamo digital podría abaratar (y, por tanto, enriquecer) la adquisición de fondos por parte de las bibliotecas. Se acabaría aquello de encontrarte un libro sucio o con las hojas rotas; eso con los libros digitales simplemente no pasa. Los libros digitales no necesitan enormes estanterías en las que amontonarse, con lo que el espacio dedicado a esos armarios se podría destinar a más salas de trabajo cooperativo o a puestos informáticos dentro de las bibliotecas. Además, el préstamo digital entre particulares existe hace años, como bien sabrán los usuarios de Kindle o de Nook, con lo que resultaba casi insultante que las bibliotecas públicas, la institución de préstamo de libros por excelencia, todavía no se hubiera sumado.
El futuro del libro está en las pantallas, y, por pura lógica, el futuro de las bibliotecas no puede estar muy lejos.
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